LOS TOPÓGRAFOS EN EL HORNICO

LOS TOPÓGRAFOS EN EL HORNICO

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El Hornico es una pequeña aldea al pie de la imponente Sierra Seca cuyas cumbres superan los 2000 metros de altitud. Es el último poblado de Caravaca de la Cruz, lindante ya con el Término hermano de  Moratalla.

En los primeros años del siglo XX llegaron a estos parajes los topógrafos que, venidos desde Madrid, estaban elaborando el primer Mapa Topográfico Nacional de España.

Estos técnicos, como científicos que eran,  participarían seguramente del  regeneracionismo imperante en las esferas más ilustradas de la época. Es también más que probable que estos topógrafos compartieran la convicción de la necesidad de redimir al campesinado a través de la mejora de sus condicione de vida y de su alfabetización.

Al Hornico se llegaba entonces por una senda de herradura que, partiendo de la Fuente del Moral,  atravesaba un intrincado y dilatado encinar. Por esa senda llegaron   los topógrafos montados en sus jumentos. A falta de posada u otro establecimiento en un lugar tan pequeño, se alojaron en una de las casas de la aldea. En aquella casa como es lógico ni había puertas interiores, ni vidrios en las ventanas, solo postigos de madera. El mobiliario se reducía a la mínima expresión, sin agua corriente, sin saneamiento, y alumbrados con teas y candiles.  Sin duda esa austeridad extrema debió impresionar a los topógrafos viendo las míseras condiciones en las que vivían los campesinos.

De esta manera, cuando a la mañana siguiente se disponían a partir para continuar su travesía hasta las cumbres de Los Revolcadores y compadeciéndose con las condiciones de vida de los lugareños, les dijeron: “Vaya, viven aquí ustedes casi como los animales”.

Estas palabras conmiserativas no fueron interpretadas por el paisano en ese sentido, sino más bien como una ofensa y sintiendo  su dignidad herida, les replicó de esta manera: “Bueno, aquí viviremos como los animales aunque aun distinguimos algo. Pero cuando lleguen ustedes a Los Odres, allí no van a saber si los burros son los que van debajo o los que van arriba. Vayan con Dios”.

(Esta historia  me la contó Juan Gamboa al que se lo contó a su vez  su padre que vivió en el Cortijo de Derramadores y que se lo había oído contar a un tal Jerónimo, ya viejo,   que fue testigo del caso que narramos.)


      


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