CADA COSA A SU TIEMPO


CADA COSA A SU TIEMPO

Un joven mozo acababa de ponerse novio en un cortijo cercano al suyo. El joven era huérfano y se había criado con su abuelo. Todas las mañanas del verano, el joven y el anciano, iban a trabajar, desde bien temprano, a la huerta. El muchacho iba a ver a la novia por parte de tarde.

Un día dijo a su abuelo: “Mire usted no sé por qué hemos de hacer las cosas siempre igual. Hoy mismo tengo ganas de ir por la mañana a ver a la novia y como tenemos que ir a la huerta pues no puedo. No entiendo esa fijación suya de hace las cosas siempre en un orden preciso”.
“Mira, hijo, te lo voy a explicar: Por la mañana hace más fresco, se trabaja mejor, mas desahogadamente, en la huerta. Con la calor de la tarde es más penoso. ¿No ves que lozanía tiene todo en la huerta por las mañanas?. Luego por la tarde vas a ver  la novia, que hay tiempo para todo.”

Pero, no conforme, el nieto volvió con la misma cancamusa otro día, y otro, y otro…

Hasta que el abuelo quiso darle una lección y le dijo: “Bueno, conforme. Vas a ir a ver  la novia por la mañana y luego por la tarde a trabajar en la huerta. Pero, eso sí, luego tienes que decirme con toda sinceridad como te gustan más las cosas, como tú pretendes o como te las he enseñado yo”. “Estoy Conforme”, replico el nieto.

De manera que al otro día el joven fue a primera hora de la mañana a ver a la novia y por la tarde a la huerta.

Al día siguiente por la mañana, cuando el abuelo se levantó ya estaba el nieto esperándole para ir a la huerta. “¡Odo!, dijo el abuelo,“¿como tan temprano esperando?, dime qué ha pasado, hombre”.

Dijo el nieto: “Abuelo ¡Cuánta razón tenía usted!. Mire, ayer fui por la mañana a ver la novia y yo, acostumbrado a verla tan arregladica y tan guapa por las tardes, la vi con ropas viejas, que iba a echarle a los animales, medio despeinada, malhumorada, en fin: un desastre. Pero es que por la tarde fui a la huerta y, acostumbrado a verlo todo lozano y fresco por las mañanas, me lo encontré por la tarde mustio y arrugado del solanero y encima tuve que trabajar a pleno sol y con una calor que ni en el infierno…”
En fín, abuelo: ”Las cosas están bien como están.”

Esta historia se la cuenta todavía mi suegro, Alfonso Guirado, a sus nietos más jóvenes, como se la contaba a mis hijos siendo niños. “¡cuéntamelo otra vez, abuelo!” y es que mi suegro escenifica la historia de un modo magistral.
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2 respuestas a CADA COSA A SU TIEMPO

  1. de dónde es esa foto? es mMuy bonita

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